De todo y de nada (a la vez)

Tal vez algo pueda aparecer acá algún día. Todo depende de que tanto tiempo me quede entre quitarme el uniforme de soldado del sistema y ponerme el de comandante de mi cama.

martes, febrero 12, 2008

Un padre nuestro latinoamericano


Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles 
quiero que vuelvas antes de que olvides 
cómo se llega al sur de Río Grande   

Padre nuestro que estás en el exilio 
casi nunca te acuerdas de los míos 
de todos modos donde quieras que estés 
santificado sea tu nombre 
no quienes santifican en tu nombre 
cerrando un ojo para no ver las uñas sucias de la miseria 

en agosto de mil novecientos sesenta 
ya no sirve pedirte 
venga a nos el tu reino 
porque tu reino también está aquí abajo 
metido en los rencores y en el miedo 
en las vacilaciones y en la mugre 
en la desilusión y en la modorra 
en esta ansia de verte pese a todo   

cuando hablaste del rico 
la aguja y el camello y te votamos todos 
por unanimidad para la Gloria 
también alzó su mano el indio silencioso 
que te respetaba pero se resistía a pensar 
hágase tu voluntad   

sin embargo una vez cada tanto 
tu voluntad se mezcla con la mía 
la domina 
la enciende 
la duplica 
más arduo es conocer cuál es mi voluntad 
cuándo creo de veras lo que digo creer   

así en tu omnipresencia como en mi soledad 
así en la tierra como en el cielo 
siempre 
estaré más seguro de la tierra que piso 
que del cielo intratable que me ignora   

pero quién sabe 
no voy a decidir 
que tu poder se haga o se deshaga 
tu voluntad igual se está haciendo en el viento 
en el Ande de nieve 
en el pájaro que fecunda a su pájara 
en los cancilleres que murmuran yes sir 
en cada mano que se convierte en 
claro no estoy seguro si me gusta el estilo 
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud 
dos emblemas que pronto serán la misma cosa 
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro 
de cada día y de cada pedacito de día   

ayer nos lo quitaste 
dánosle hoy 
o al menos el derecho de darnos nuestro pan 
no sólo el que era símbolo de Algo 
sino el de miga y cáscara 
el pan nuestro 
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas 
perdónanos si puedes nuestras deudas 
pero no nos perdones la esperanza 
no nos perdones nunca nuestros créditos   

a más tardar mañana 
saldremos a cobrar a los fallutos 
tangibles y sonrientes forajidos 
a los que tienen garras para el arpa 
y un panamericano temblor con que se enjugan 
la última escupida que cuelga de su rostro   

poco importa que nuestros acreedores perdonen 
así como nosotros 
una vez 
por error 
perdonamos a nuestros deudores   

todavía 
nos deben como un siglo 
de insomnios y garrote 
como tres mil kilómetros de injurias 
como veinte medallas a Somoza 
como una sola Guatemala muerta   

no nos dejes caer en la tentación 
de olvidar o vender este pasado 
o arrendar una sola hectárea de su olvido 
ahora que es la hora de saber quiénes somos 
y han de cruzar el río 
el dólar y su amor contrarrembolso 
arráncanos del alma el último mendigo 
y líbranos de todo mal de conciencia 
amén. 

jueves, febrero 07, 2008

El Perú

(Marco Martos)

No es este tu país
porque conozcas sus linderos,
ni por el idioma común,
ni por los nombres
de los muertos.

Es este tu país
porque si tuvieras que hacerlo,
lo elegirías de nuevo
para construir aquí
todos tus sueños.

miércoles, agosto 22, 2007

¡Oh, no eres tú mi cantar!

¿Quién me presta una escalera para subir al madero,
para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?
Saeta popular española

La saeta
(Antonio Machado)


¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!




Joan Manuel Serrat - La Saeta

lunes, octubre 23, 2006

Dios como proyección del temor y de la impotencia humana

Dios es un dilema, es una disyuntiva, es una opción, es un cruce de caminos.


Yo no creo en Dios, al menos en el Dios de los cristianos. Yo no creo en Dios y sin embargo lo escribo con mayúsculas, una reminiscencia de mi educación eminentemente católica. Yo no creo en Dios y sin embargo no puedo dejar de sentir algo por su madre, por la Virgen María. Yo no creo en Dios y me casé por la iglesia (sí, con minúsculas). Yo no creo en Dios y tal vez quisiera creer, pero ya no puedo.


Una de las cosas que quedó impresa en la memoria de mi infancia es aquella tarde en el colegio De La Salle, tal vez en cuarto de primaria, cuando un hermano nos hacía repetir incansablemente el catecismo de la iglesia católica. Virtudes teologales, dones, pecados capitales, sacramentos y demás. Justamente dentro de los dones que nos da el Espíritu Santo está el "Don de temor de Dios"; nunca entendí cabalmente el significado de este don, sólo sé que muchos años más tarde es justamente ese don el que no tengo.


No tengo miedo de Dios. Ya no. Le tuve miedo por mucho tiempo, le tuve miedo toda mi infancia, toda mi adolescencia. Ahora miro para atrás y veo el miedo que tuve con mucha tristeza. Tuve miedo de mi abuela, aquella santa señora defensora del catecismo y de las buenas costumbres, hermana de la iglesia, devota morada del Señor de los Milagros; a ella la amé, la amo y seguramente ella está en la lista de espera de los primeros en ser resucitados, los primeros en estar sentados a la derecha del padre. Tuve miedo de mi madre, no tan estricta pero igual de creyente; a ella también la amo más que a nadie y seguro me odiaría por esto que escribo ahora. Pero, lo peor es que tuve miedo de mí.


Tuve miedo de mí, de lo que pudiera hacer para ofender o alegrar a ese Dios que no conocía, a ese Dios que está en todos lados y en ninguno; a ese Dios que es infinitamente bueno y sin embargo parece que no le interesara nada ni nadie. A ese Dios que es infinitamente justo y sin embargo este mundo es tan injusto. Por ese Dios hice o dejé de hacer muchas cosas. Y ahora comprendo el verdadero significado de ese precioso don.


El temor a cualquier cosa, incluso a Dios, nos limita y nos reprime y nos obliga a actuar de tal o cual manera. Lo único que tenemos es nuestra humanidad, el tiempo que pasemos sobre esta tierra, y no tiene sentido pasar la vida con temor. Lo único cierto es la muerte, lo que venga después de ella para efectos prácticos no interesa.


Así que después de muchas madrugadas, de muchas palabras, de mucho y poco vivir, de mucho y poco conocer, de mucho bien y de mucho mal; intuyo que Dios no existe y si existe no se parece en nada a lo que me enseñaron en mi casa y en mi colegio, no es un Dios bueno ni justo ni sabio, simplemente no está ahí. No espera nada de mí y yo tampoco espero nada de él. ¿Qué te hace pensar que tú le importas a Dios?


Dios es un mito, fruto de la impotencia de nuestra fragil humanidad; Dios es una creación de unos cuantos para someter a muchos, Dios es el camino más facil para explicarlo todo sin entender nada, Dios es una proyección de nuestros anhelos y por sobretodo Dios es la prisión que limita la libertad del hombre.


Ahora, a mis veintitantos años encima, después de incansables búsquedas y de preguntas sin respuesta puedo decir con la seguridad propia de un niño, de ese niño de primaria que fui alguna vez, que no creo en Dios, que Dios no existe y lo que es mejor: que ya no le temo.

viernes, agosto 04, 2006

Sólo es cuestión de tiempo

¿Qué nos diferencia a nosotros los grandiosos seres humanos de una pequeña y delicada hormiga?

Nada en absoluto. Ahora me explico.

Desde un punto de vista universal, viendo al mundo en el que vivimos como un punto en el espacio (o como un grano de arena en una playa), no nos diferencia nada; así de simple. La relación Tierra-Universo es una de las pocas verdades totales en las que la mayoría de personas se puede poner de acuerdo sin mucha discusión.

Los seres humanos somos la especie dominante de un pequeño planeta dentro de un pequeño sistema dentro de una pequeña galaxia de un gigantesco universo. Nuestra civilización sigue incrementando su conocimiento, su cultura, su tecnología día a día. Las desigualdades e inequidades sociales han existido desde siempre, nuestros cultos religiosos también. Hemos evolucionado tal vez desde un pequeño primate a lo que somos ahora y estamos en una era de comunicaciones globales, internet, blogs y youtube.

¿Pero por qué nosotros? ¿Por qué nuestra especie humana? ¿Dios? ¿Alá? ¿Big bang? ¿Somos la imagen y semejanza de algún Dios todopoderoso? Pues no, al menos no me parece. En este punto nadie se ha puesto de acuerdo, la ciencia y la fé siempre estarán enfrentados. ¿Y las hormigas?

Ahora hablemos del tiempo. Nuestra historia como humanidad desde que se descubrieron los primeros restos de las primeras agrupaciones sociales tiene aproximadamente 12,000 años de antigüedad (que es cuando inicia la revolución Neolítica). Otra vez, la analogía del grano de arena se puede aplicar al tiempo. ¿Qúe son 12,000 años comparados contra 4.5 billones de años que se estima tiene la tierra de formada? Somos una casualidad en la historia-tiempo. Una probabilidad. No somos nada.

Nuestros queridos dinosaurios fueron la primera especie dominante y por alguna razon que desconocemos exactamente se extinguieron. Muy probablemente, al paso que vamos, nosotros seguiremos sus pasos. Y tal vez en un par de millones de años, otra especie se alce con el título tan altanero de "Especie dominante".

Dejemos pues nuestra imaginación volar y alucinemos que nuestras lindas y pequeñas hormigas de ahora tal vez en un futuro muy lejano esten sentadas en algún café conversando de como nuestra presente humanidad desapareció. Y tal vez alguna hormiga socióloga no entienda como no podíamos ser tan organizados y jerarquizados como ellas. La igualdad, ¡que cosa de locos!

Sólo es cuestión de tiempo.